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Fotografía de obras de arte: de lo real a lo natural

Miércoles, 07 de Enero de 2015 11:17

Fotografía de obras de arteLa fotografía de obras de arte ya sea para artistas, museos, instituciones o galerías de arte, es con frecuencia un servicio típico que muchos fotógrafos profesionales suelen ofrecer, normalmente sin mayor pretensión que la de ilustrar algún catálogo, publicaciones prublicitarias o promocionales, etc.

Sin embargo muchos trabajos de fotografía de obras de arte son encargados con la finalidad de documentar lo más fielmente una obra, con el fin de dejar constancia del estado de ésta en un momento dado y es en este punto, donde la responsabilidad debe extremarse ya que la fotografía deja de ser un mero instrumento de comunicación para convertirse en una evidencia del estado de conservación de una obra de arte o Bien Cultural.

Si examinamos la imagen con la que se encabeza este artículo, posiblemente nadie en su sano juicio daría por buena la sección de la derecha, muy probablemente eligiendo la sección de la izquierda como la “mejor” imagen.

Sin embargo la sección de la derecha, con un aspecto más “desvaido” es “numericamente” la imagen más precisa. Dicha imagen ha sido sometida a gestión del color, a corrección tonal y se ha compensado la caída de luz provocada por las fuentes de iluminación. El error Delta CIE76 sobre la carta de color es de 3.5 y el error de reproducción tonal promedio es inferior a 1%, siendo casi perfecto. Así mismo las mediciones por espectrofotómetro de zonas características revelan errores de Δ < 4 respecto a la imagen digital. Por la contra la imagen de la izquierda acumula un error delta promedio de casi 14 y una reproducción tonal pésima, como se puede ver en el informe de calidad.

Fotografía de obras de arte, informe de calidad Control de calidad en fotografía de obrasd e arte

Al mismo tiempo, en nuestra imagen considerada más "natural" al aumentar el contraste hemos perdido cualquier matiz del fondo negro, por tanto, nuestra obra digitalizada, no solo es incorrecta desde un punto de vista colorimétrica  o tonal, sino que se ha perdido una buena parte de la información.

¿Qué esta ocurriendo aqui?

Lo que sucede es que al editar una imagen bajo el criterio de nuestra percepción (o intuición que llaman algunos), intentamos adaptar nuestra imagen a la representación o recuerdo mental que tenemos de ella, esto es lo que se conoce como “naturalidad”.

Cuando el sistema de visión humano percibe escenas en condiciones dispares de intensidad de iluminación, es necesario hacer una adecuación perceptual para que nuestro sistema de visión perciba como “natural” una imagen digital vista a través de una pantalla en unas condiciones de luz determinadas. En esta adecuación intervienen fenómenos psicofísicos como efecto Hunt, por el cual el colorido se incrementa a medida que se incrementa la intensidad de luz, y el efecto Stevens que nos denota una relación exponencial entre el brillo percibido y la luminancia medida, por lo que a mayor intensidad de luz mayor contraste percibido.

De forma similar, cuando trabajamos en museos, o galerías de arte bien iluminadas, y con unas perfectas paredes blancas, entra en juego otro fenómeno denominado de Bartleson-Breneman por el cual el contraste de una escena aumenta según aumenta la intensidad de luz que la rodea. Es decir, el recuerdo que vamos a tener de una obra de arte colgada de una pared blanca iluminada con una cierta intensidad, con frecuencia va a ser una escena con más contraste de lo real.

Estos fenómenos psicofísicos hacen, que salvo que examinemos nuestras copias en pantalla respecto a la obra de arte bajo la misma intensidad, y calidad, de luz nuestra percepción intenta compensar dicha diferencia de intensidad de luz incrementando el colorido y contraste, por eso las fotografías con mayor saturación y contraste nos resultan mas agradables.

Fotografía de obras de arte y patrimonioPor otra parte a esta serie de fenómenos psicofísicos se le añaden fenómenos puramente físicos, como la reflexión de la luz sobre barnices o las propias capas pictóricas generando efectos dispares entre nuestra percepción y dispositivos de medición (espectrofotómetros) o captación (cámaras). Por ejemplo el uso de la famosa luz polarizada, tan necesaria en fotografía de obras de arte, no hace más eliminar todo rastro de reflejos especulares, esto es bueno para controlar la iluminación de forma eficiente, pero una obra pictórica, tiene por naturaleza reflejos que denotan la pincelada, etc. Desproveerla de todo reflejo es desproveerla de parte de su esencia.

Cuando trabajamos con pequeñas fotografías antiguas, u obras de arte de pequeño formado, es posible juzgarlas respecto a las copias en pantalla bajo condiciones de luz controladas, pero cuando trabajamos con obra pictórica de gran formato, estas comprobaciones son inviables.

Por la contra, cuando aplicamos unos flujos de trabajo en materia de gestión de color y en particular de transferencia de tono rigurosos sobre una imagen, estamos generando una imagen fiel a la realidad, aunque esta no coincida con el recuerdo mental que podamos tener de esta.

Cuando realizamos fotografías de obras de arte, o cualquier tipo de patrimonio o Bien de Interés Cultural, es más importante el flujo de trabajo establecido para la captura y edición que la percepción que podamos tener de la propia imagen final ya que raras veces podremos adecuar las condiciones de visualización de dichas obras de arte a las de nuestra pantalla, por tanto todo intento de juzgar “a ciegas“ la calidad de nuestro trabajo tendrá como resultado unos altísimos errores colorimétricos y de reproducción tonal.

Natural vs real

La fotografía de obras de arte, no es un acto de fotografía trivial, ya que a menudo supone un compromiso entre la realidad, lo natural y los propios límites de la técnica. La fotografía de obras de arte debería ser ante todo fiel con la obra, y adecuarse a nuestra percepción en función del medio de reproducción. Así, el ejemplo empleado para ilustrar este artículo, aunque pobre para la visualización en pantalla, puede alcanzar unos resultados óptimos al imprimirse en un papel de cierto brillo que emule el acabado del barniz original. Por la contra si nuestra imagen fuese impresa en papel mate, seria necesario incrementar su contraste y probablemente colorido para compensar perceptivamente la falta de brillo del soporte.

De esta forma, la fotografía de obras de arte, no debería comprometerse en como el usuario final percibirá la copia digital, ya que esta varia en función del medio y con frecuencia escapa a nuestro control. Por eso, la fidelidad, suele ser la única premisa objetiva que deberíamos barajar y dejar los ajustes perceptivos para otros profesionales (diseñadores gráficos, impresores, etc).

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